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La Peregrinación de jóvenes al Pilar ha sido, en mi opinión, una oportunidad magnífica de convivencia diocesana. El haber estado juntos un par de días, compartiendo nuestro tiempo, poniendo el curso a los pies de la Virgen, aumentando el conocimiento de nuestra historia católica y viviendo una experiencia de comunión, ha sido y es para mí un gran regalo.

Quisiera destacar dos momentos de la peregrinación: las comidas, que fueron un motivo de alegría porque en lugar de dispersarnos nos juntamos todos en el centro de la plaza y el entrañable encuentro con nuestro antiguo obispo D. Manuel Ureña.

Por último, la misa y posterior visita a la sobrecogedora catedral de La Seo, así como el encuentro con «una vocación dentro de otra vocación» en Santa María de Huerta, dejaron un agradable sabor de boca al final de la Peregrinación.​

peregrinación Zaragoza
Gabriel Rincón
Gabriel Rincón Castelbón
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Alcalá en Aránzazu

Seis autobuses cargados con más de trescientos jóvenes nos dispusimos a emprender el largo viaje que separa la Diócesis de Alcalá de la Diócesis de San Sebastián. En esta peregrinación, la Delegación de Infancia y Juventud de nuestra Diócesis ha encomendado el curso a nuestra Madre la Virgen y, en especial, la preparación de la JMJ 2011 que se está llevando a cabo en los distintos arciprestazgos de la Diócesis Complutense.

Así, el viernes, nos dirigimos a Vergara. Allí, nos alojamos en el pabellón del Colegio de la Compañía de María. Tras rezar completas, nos dispusimos a dormir lo que pudimos, pues nos esperaba un día intenso. Ya por la mañana, Patxi –uno de los sacerdotes que nos acompañó– nos dio una catequesis con la que iniciamos el día y con la que nos familiarizamos con la espiritualidad de san Ignacio de Loyola y su devoción a la Virgen María. Tras rezar los laudes y desayunar, nos desplazamos a Loyola, donde visitamos la casa-torre del linaje de los Oñaz y Loyola. Lugar donde nació san Ignacio y donde se convirtió a Dios en 1521. En la capilla donde se produjo esta conversión, el santo tuvo una visión de la Madre de Dios, que borró de su alma los resabios de su mala vida pasada. Y, precisamente, sobre esta imagen espiritual, reflexionamos en la meditación de la noche.

Vídeo ADALtv (6:44)

Por la tarde del sábado, acudimos a los pies de María en el Santuario de Aránzazu, donde se consagró a la Virgen el Santo de Loyola, antes de empezar su peregrinación a Montserrat. En medio de un paraje espectacular y dentro de la moderna basílica, celebramos una intensa Eucaristía, donde la entrega de María tuvo un protagonismo especial. De vuelta a Vergara, los sacerdotes del pueblo nos acogieron muy amablemente en la parroquia de Santa Marina para rezar vísperas. Tras la cena nos dirigimos a la parroquia de San Pedro para disfrutar de una vigila con exposición del Santísimo. En la celebración, Pablo Ormazábal nos habló de la llamada, la valentía y la sanación que nos ofrece Cristo.

Eucaristía en Aránzazu

Nuestra Eucaristía en Aránzazu

La noche se hizo más o menos corta en el pequeño pabellón de Vergara y la mañana se levantó lluviosa. Temprano marchamos hacia San Sebastián. En la iglesia de San Vicente celebramos la Eucaristía y Manu Aróztegi nos recordó en la homilía que no debemos de cesar en la oración. Tras la Misa, nos dimos una vuelta por la ciudad donostiarra y de vuelta a casa nos esperaba una gran fiesta en el Monasterio de La Aguilera. Allí las  hermanas clarisas –algunas de ellas muy conocidas para nosotros– nos recibieron con gran afecto y nos hicieron partícipes de la alegría que desbordan, compartiendo con nosotros la historia de su vocación y algunas de sus canciones.

Sin duda, un fin de peregrinación estupendo que nos anima en este nuevo curso a seguir compartiendo con los demás la alegría de ser cristianos.

José Manuel Lara

Peregrinos en camino

Para ir abriendo boca de cara a nuestra peregrinación a Santiago de Compostela en el Año Santo Xacobeo y a nuestra participación en la Peregrinación Europea de Jóvenes, rescatamos un testimonio del Camino de entre los muchos que guardan nuestras páginas diocesanas. 

En la semana del 21 al 27 de julio de 2008 un grupo de diez personas de las parroquias de Nuestra Señora de la Asunción (Algete) y Santo Ángel (Alcalá) peregrinamos a Santiago para encontrarnos con Dios en la fe que el Apóstol nos dejó: la fe de la Iglesia, la fe en Cristo. Partimos desde Villalba (en la llamada ‘Ruta del Norte’) para poder ganar la Compostela. Durante nuestro peregrinar compartimos experiencias humanas: las vivencias juntos, disfrutar de los paisajes y la solidaridad a la hora de ayudar a los que estaban cansados y doloridos… y también experiencias en la fe con el encuentro diario con Cristo en la Eucaristía y en los demás peregrinos y en las catequesis que cada día recibíamos. Como peregrinos, fuimos capaces de comprobar y ver todo lo que Dios había hecho por nosotros y que, a pesar de todas las dificultades que podían surgir, siempre nos acompañaba y velaba por nosotros.

La meta del Camino

La llegada a la Catedral de Santiago fue uno de los momentos que mejor recuerdo: ya cansados de andar durante toda la semana entramos en la ciudad de Santiago de Compostela, pero aún nos faltaban dos kilómetros para llegar… ¡no sólo eso!, sino que dentro de la ciudad nos esperaban más subidas y bajadas hasta que por fin en una calle que bajaba divisamos una de las cúspides de la catedral.

¡Llegamos a Santiago!

¡Por fin estábamos allí! Cansados, doloridos, pero llegamos a nuestro destino: el encuentro con el Apóstol. Ya en la Catedral, como culmen de nuestra peregrinación tuvimos un nuevo encuentro con Dios: confesamos, rezamos por los peregrinos, por el Papa, y tuvimos la Misa del Peregrino.

El camino sigue

Llegó la hora de volver; la hora de seguir nuestro camino de la vida, puesto que el camino no ha acabado. Le doy gracias a Dios por esta peregrinación, que nos ha permitido realizar con éxito, porque en ella me he acercado un poco más a las personas, y un poco más a Él, y me ha dado fuerzas para continuar mi vida cristiana como mensajero de Cristo. Pido por todos los peregrinos que hacen el Camino, para que encuentren a Dios todos aquellos que lo hacen por motivos de ocio y culturales, y para que aquellos que lo hacen con sentido de fe encuentren en Santiago un pilar que refuerce su fe.

Daniel Núñez Navarrete, Santo Ángel, Alcalá

Revista ADAL – Nº 31 – Año 4 – Septiembre de 2008