Archivos de la categoría ‘Líneas de espiritualidad’

Espíritu Santo

QUÉ SON

Una forma de disponerse enteramente a la acción del Espíritu, que nos transforma y ayuda, para liberar el corazón de todo deseo desordenado y para buscar y realizar la voluntad de Dios sobre la propia vida.

La vida interior también hay que trabajarla. Los ejercicios espirituales son como unas tablas de gimnasia espirituales que ayudan a exponernos a la acción inmediata de Dios y a asumir su llamada a vivir la plenitud de vida que nos ofrece.

PARA QUÉ SE HACENsan ignacio ejercicios espirituales

Son una ayuda para tomarse el Evangelio de Jesucristo en serio. Para romper las ataduras de nuestro corazón que nos impiden ser verdaderamente libres para amar. Para percibir el modo concreto en que Dios nos invita a construir el Reino y a servir a nuestros hermanos como miembros de su Iglesia. Para no contentarnos con una vida mediocre, y para aprovechar nuestro tiempo y nuestra vida de la mejor manera posible. Para no quedarnos en las ideas, sino perseguir una verdad que se verifica en una experiencia gozosa y estimulante.

niños rezandoQUIÉN LOS PUEDE HACER

Son para gente capaz de poner en juego lo que tiene para perseguir lo que ama, con un talante emprendedor y arriesgado en correspondencia con una apuesta existencial de gran calado. Gente sedienta de conversión profunda porque sabe que necesita algo más y algo distinto, o tiene inquietud por la búsqueda y el anhelo de lo que Jesucristo promete a sus amigos.

CÓMO SE HACEN

cruz horizonte

Son ejercicios de oración personal, de tiempo reservado exclusivamente para la intimidad con Dios. Y se sirven también de todo aquello que la Iglesia emplea para asegurar la transformación del hombre en Cristo: gustar la Palabra de Dios, examen de la propia vida, guía espiritual, vida sacramental y litúrgica, realimentación con lecturas adecuadas del seguimiento de Cristo. Esas experiencias afectan a todo lo que uno siente, proyecta y realiza a lo largo del proceso, con una lectura permanente de lo que el Señor quiere comunicarnos a través de lo que experimentamos.

CUÁNDO

La Diócesis te ofrece tres tandas durante este curso:

7, 8 y 9 de noviembre. Director: D. Jesús Javier Mora (Curry). Precio 60 euros.

28, 29 y 30 de noviembre. Director: D. Borja Langdon. Precio 60 euros.

30 de abril, 1, 2 y 3 de mayo. Director: D. Manuel Aroztegui. Precio 90 euros.

Lugar: Colegio San Ignacio de Loyola, C/Concepción Arenal, 3. Alcalá de Henares.

 

Apúntate y solicita más información enviando un correo a:     infanciajuventud@obispadoalcala.org

Mª del Pilar García

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Espíritu Santo

QUÉ SON

Una forma de disponerse enteramente a la acción del Espíritu, que nos transforma y ayuda, para liberar el corazón de todo deseo desordenado y para buscar y realizar la voluntad de Dios sobre la propia vida.

La vida interior también hay que trabajarla. Los ejercicios espirituales son como unas tablas de gimnasia espirituales que ayudan a exponernos a la acción inmediata de Dios y a asumir su llamada a vivir la plenitud de vida que nos ofrece.

PARA QUÉ SE HACENsan ignacio ejercicios espirituales

Son una ayuda para tomarse el Evangelio de Jesucristo en serio. Para romper las ataduras de nuestro corazón que nos impiden ser verdaderamente libres para amar. Para percibir el modo concreto en que Dios nos invita a construir el Reino y a servir a nuestros hermanos como miembros de su Iglesia. Para no contentarnos con una vida mediocre, y para aprovechar nuestro tiempo y nuestra vida de la mejor manera posible. Para no quedarnos en las ideas, sino perseguir una verdad que se verifica en una experiencia gozosa y estimulante.

niños rezandoQUIÉN LOS PUEDE HACER

Son para gente capaz de poner en juego lo que tiene para perseguir lo que ama, con un talante emprendedor y arriesgado en correspondencia con una apuesta existencial de gran calado. Gente sedienta de conversión profunda porque sabe que necesita algo más y algo distinto, o tiene inquietud por la búsqueda y el anhelo de lo que Jesucristo promete a sus amigos.

CÓMO SE HACEN

cruz horizonte

Son ejercicios de oración personal, de tiempo reservado exclusivamente para la intimidad con Dios. Y se sirven también de todo aquello que la Iglesia emplea para asegurar la transformación del hombre en Cristo: gustar la Palabra de Dios, examen de la propia vida, guía espiritual, vida sacramental y litúrgica, realimentación con lecturas adecuadas del seguimiento de Cristo. Esas experiencias afectan a todo lo que uno siente, proyecta y realiza a lo largo del proceso, con una lectura permanente de lo que el Señor quiere comunicarnos a través de lo que experimentamos.

CUÁNDO

La Diócesis te ofrece dos tandas este mes de febrero:

14, 15 y 16 de febrero. Director: D. Álvaro Fernández.

21, 22 y 23 de febrero. Director: D. Luis Eduardo Morona.

Lugar: Colegio San Ignacio de Loyola, C/Concepción Arenal, 3. Alcalá de Henares.

Precio: 60 euros.

Apúntate y solicita más información enviando un correo a:     infanciajuventud@obispadoalcala.org

Mª del Pilar García

«Todos los Santos», Durero

«Todos los Santos», Durero

La providencia nos regaló poder celebrar la Oración Diocesana de Jóvenes (ODJ) de noviembre en la Solemnidad de Todos los Santos. Fue un gozo poder constatar, por medio de la fe, que una multitud de intercesores nos acompañaban; la presencia de tantos santos y santas que han pasado por nuestra Diócesis, por la ciudad de Alcalá, y que han quedado vinculados para siempre a nuestra Iglesia diocesana. Cómo no pensar en un san Juan de Ávila, que pudo ser ordenado sacerdote en esa misma capilla en la que nos encontramos cada mes, en san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, santo Tomás de Villanueva, san Diego de Alcalá y tantos otros, que nos miran y nos dicen: ¡Es vuestro momento! ¡Contad con nuestra ayuda! Mirándoles a ellos reconocemos para qué hemos sido creados, el Cielo es nuestra herencia, la bienaventuranza es para nosotros.

Muchas veces nuestra felicidad se ve empañada por el sufrimiento, por el dolor, y pensamos que el Cielo es un imposible. En medio de nuestra aflicción y de nuestros sufrimientos -cada uno sabe de los suyos-, el Señor nos dice: «Bienaventurados los afligidos, porque ellos serán consolados». Él siempre está con nosotros, Él nos consuela, Él se compadece de nosotros. El Señor nunca es indiferente al sufrimiento del hombre. Él vive un misterio de compasión, sufre con nosotros, dando así al sufrimiento un sentido, un valor. La compasión de Dios que recibimos nos hace ser también a nosotros portadores de su misma compasión: compadecernos del mal y del sufrimiento de los otros. En ocasiones podemos decir, u oír cerca de nosotros: yo voy a mi bola, me da igual, que se aguante. Los santos han sentido y vivido la compasión de Dios, y se han convertido en instrumentos de la compasión divina. Ellos han llevado el consuelo a niños tristes, ancianos solos, enfermos desesperados… ¡Feliz tú, si consuelas! ¡Feliz, si tienes un corazón compasivo!

Regala tu alabanza al Santo entre los santos

Regala tu alabanza al Santo entre los santos

También los santos nos enseñan a vivir el Padrenuestro. Ellos nos muestran lo que significa la primera petición de la Oración del Señor: «Santificado sea tu nombre». A veces podemos tratar a Dios y sus cosas de cualquier manera. Santificar el nombre de Dios es pedir que podamos reconocerle como santo, que tratemos de manera digna al Señor. Tratar a Dios como merece ser tratado. Es bueno que te preguntes: ¿Cómo es mi trato con el Señor? Para mejorar, es bueno que tengas todos los días un ratito para la adoración y para la alabanza, para darle gracias por todo. Pero también con esta petición inicial pedimos que el Santo nos santifique, que su santidad se realice en nosotros. Y lo pedimos todos los días porque faltamos diariamente. Como los santos pide al Señor que te haga santo. ¡Pídeselo! ¡Deséalo!

Fermín Peiró Manzanares, pbro.Fermín Peiró

Director de la ODJ de Noviembre

Año de la Esperanza

Año de la Esperanza

Dice el papa Francisco que la esperanza es la más humilde de las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad). Es aquella que no se siente ni se ve, al contrario que la fe; que no se hace, al contrario que la caridad; pero que, sin embargo, «nos hace». Es decir, esta virtud que parece que se esconde en la vida es la que tiene que dar sal y conformarlo todo. Ya el papa Benedicto XVI lo explicó muy bien en su encíclica Spe Salvi, que podemos sacar de la estantería y releer este año aprovechando que acabamos de comenzar el Año de la Esperanza, y que es, además, justo lo que nuestro obispo nos recomienda en su última Carta Pastoral «La Esperanza no defrauda».

La esperanza es una ardiente expectación hacia la revelación del Hijo de Dios (cf. san Pablo). Es el ancla que está firme en la Vida Futura, y hacia la que estamos en camino. Porque la esperanza, como recordó el papa Francisco en una de sus homilías en Santa Marta, es un riesgo, es una tensión, es, en otras palabras, saber que algo, lo mejor, está aún por llegar. A pesar de que, a veces, parezca imposible. Lo que ocurre es que, a veces, no hemos echado el ancla en el lugar correcto. Y como un barco, estamos varados en sitios que no merecen la pena: en comodidades, en reglas, en la vida presente… Y nos olvidamos de que la esperanza es esa espera -aunque parezca redundante- de la mujer embarazada. Que se alegra porque ya es madre, pero que aún no ha tomado a su hijo en brazos. Y la esperanza, como esta mujer, genera vida a su alrededor.

Adviento, tiempo de esperanza

Adviento, tiempo de esperanza

Por eso el Adviento es una época del año especialmente llamada a ser tiempo de esperanza. La Iglesia nos invita a aprender de María, que espera el nacimiento de su Hijo, sabiendo que es la Esperanza, la plenitud de la promesa. Y con María podemos detenernos un momento a pensar cómo vivimos esa esperanza, dónde está anclado nuestro corazón… y no quedarnos ahí sino alegrarnos porque en esperanza fuimos salvados (cf. Rom 8, 24).

 Marta Galán

Vídeo Vatican_ES (1:14)

Al clausurar el Año Sacerdotal, volvemos a recomendar una obra escrita por un gran sacerdote sobre el bien más preciado que ponen a nuestra disposición cada día: la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía a través de la consagración del pan y el vino.

Recomendamos...

¿Qué tiene que ver la Eucaristía con nuestra vida diaria? Si alguna vez has salido de tu parroquia haciéndote esta misma pregunta, no dudes en acercarte a este libro que intenta mostrarnos como la celebración de la Misa se encuentra enraizada profundamente en cada uno de nuestros días.

El autor

El autor, el sacerdote Henri Nouwen, nos invita a redescubrir la Eucaristía como centro y fuente de nuestra vida. Como los discípulos de Emaús, descubrimos a Jesús caminando a  nuestro lado, buscando nuestro corazón contrito en el acto penitencial, explicándonos la Escritura durante la Liturgia de la Palabra, y por último quedándose con nosotros en la Comunión; invitándonos a la misión de anunciar que Él está vivo y ha resucitado.

También puedes leer este libro, aunque no completo, aquí.

Obra de Daniel Ange

Recomendamos...

Nos pasamos la vida en búsqueda: buscamos la alegría, buscamos amar y ser amados, buscamos ser felices. Y cuántas veces el no encontrarlo nos lleva a estar descarriados, a estar solos, a buscar suplir lo que nos falta con cosas humanas que nos terminan dejando insatisfechos. Con ello nos invade, por momentos, la tristeza.

Buscamos, buscamos, nos cansamos, nos perdemos como una oveja que se salió del rebaño… Y el pastor «¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada?» (Mt 18, 12)

En este relato, yo pude entender que en la vida también hay que dejarse encontrar por Él, ya que no nos dejará nunca solos; ni en los peores momentos, aunque, muchas veces, no nos demos cuenta de ello.

Daniel Ange

El autor

Te recomiendo de corazón este libro en el que podrás encontrar a un Cristo que sufre con nosotros, que nos acompaña, que llora con nosotros, que ríe con nosotros… En el fondo, un Cristo que nos busca con locura para hacernos felices para siempre.

Daniel Gómez de la Vega, Santiago Apóstol, Torrejón

Revista ADAL – Nº 16 – Año 3 – Abril de 2007