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En el seno de la Iglesia que celebra la Eucaristía a diario en todos los continentes surgió la fiesta del Corpus Christi. Para comprenderla en nuestro siglo, vamos a hacer un poquito de historia y así tomar conciencia de que, más allá del sentimiento religioso, la celebración del Corpus tiene también un amplio sentido cultural en nuestra sociedad.

Esta fiesta nació en el siglo XIII y toma su forma definitiva durante la Contrarreforma (siglo XVI), momento en el que se hacen muy evidentes las diferencias teológicas y de culto con los protestantes. Esta festividad, que se celebraba en un primer momento en el interior de los templos, decide salir a la calle para proclamar abiertamente la victoria y triunfo de la muerte a través de la resurrección de Cristo.

Palio en el Corpus de Alcalá de 2007

Palio en el Corpus de Alcalá de Henares de 2007

En España las primeras procesiones se celebran en Barcelona, Gerona y Vich, y pronto se extenderán por las demás diócesis españolas, donde los desfiles irán tomando forma sobre todo en el siglo XVII de una manera espectacular. Estas procesiones se completaban con danzas y distintas representaciones teatrales (autos sacramentales) que  permitían divulgar las verdades de nuestra fe al pueblo. Además era el momento en el que todos los estamentos de la ciudad se daban cita y así participaban todas las instituciones civiles y eclesiásticas urbanas. La manera de simbolizar esta presencia era a través de los estandartes y cruces de cofradías y parroquias que precedían a la custodia.

La parte principal de la procesión la ocupaba, como lo hace ahora, la custodia del Santísimo Sacramento. Esta pieza suele ser la más valiosa de los tesoros parroquiales y catedralicios. En concreto, la Catedral Magistral conserva dos custodias procesionales del siglo XVI de gran valor artístico.

También había lugares donde la procesión alcanzaba un carácter especial. Era el caso de la procesión que se celebraba en Madrid. Ésta iba acompañada por el monarca y miembros de su familia y además la procesión se alargaba considerablemente porque se realizaban actos litúrgicos en altares efímeros. Esta costumbre de montar pequeños altares todavía se puede ver hoy en algunos pueblos de nuestra diócesis. Todo el recorrido se completaba con fachadas y plazas  engalanadas con reposteros, guirnaldas y mantones, como podemos ver todavía con gran esplendor en ciudades como Toledo.

Carroza del Corpus de Alcalá de Henares de 2007

Carroza del Corpus de Alcalá de Henares de 2007

Pero más allá de la forma externa con la que se haya celebrado esta fiesta a lo largo de los siglos, me gustaría terminar volviendo al significado religioso de la fiesta y así mencionar las alentadoras palabras que el Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española (pdf) nos aporta al hombre y a la mujer del siglo XXI en relación al Sacramento eucarístico:

«La Eucaristía, en efecto, culmina la Iniciación cristiana, mantiene al cristiano en una caridad activa y operante mientras peregrina en este mundo y le hace gustar ya ahora las primicias de la vida futura. La transmisión de la fe se alcanza cuando brotan espontáneos el compromiso permanente con la Verdad, la actitud de adoración y la vida en comunión. El encuentro vivo con Cristo Eucaristía es el mejor estímulo para la formación permanente que debe acompañar a todo cristiano a lo largo de su vida. Es imposible tratar con Jesucristo y no crecer en deseos de conocerle más y mejor».

José Manuel Lara
Revista ADAL – N.º 27 – Año IV – Mayo de 2008

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Con motivo de la celebración del mes de mayo, el mes de María, recuperamos este reportaje en el que se hace un repaso a la representación artística de la Virgen con el Niño a lo largo de la Historia.

Theotokos del Signo Orante

Theotokos del Signo Orante

«Todas la generaciones me llamarán bienaventurada»  (Lc 1, 48)

La imagen de María, a lo largo de los siglos, ha estado continuamente unida a la imagen de Cristo. «Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte» (Lumen gentium, 57). De esta manera lo ha representado el pueblo fiel, que venera a María como Madre de Dios en su representación junto a Jesucristo, desde la infancia hasta el descendimiento de la cruz. Al amparo de María Madre se han puesto generaciones y generaciones de cristianos a la búsqueda de protección. En este sentido, los artistas han tenido la necesidad de representar a María portando el Niño en sus brazos, en múltiples imágenes. Imágenes bajo las cuales todavía hoy se estimula la oración de muchos cristianos a lo largo del mundo.

Arte paleocristiano

La imagen de la Virgen más antigua que conservamos es del siglo II y apareció en las Catacumbas paleocristianas de Priscila. En esta pintura aparece María con el Niño junto al profeta Isaías que profetiza el nacimiento del Salvador, señalando una estrella.

En general, en el arte paleocristiano, las imágenes de la Virgen suelen representar a una figura femenina con las manos abiertas en oración o también es muy común que aparezca amamantando al Niño.

Icono de la Virgen como Guía en el camino (Hodighítria)

Icono de la Virgen como Guía en el camino (Hodighítria)

Arte bizantino

En el arte Bizantino destaca la representación de iconos de la Virgen con el Niño, en los que puede aplacer de múltiples formas. Muy común es la llamada Madre Dolorosa (Vladimirskaja), en que la mirada triste de María presiente la Pasión de Cristo. Esta imagen nos muestra, además, a la Madre siendo consolada por el Niño, que en un acto de ternura le hace una caricia con su mano.

Muy común es también la Virgen como Guía en el camino (Hodighítria), en que María señala con su mano derecha a su Hijo que lo soporta sobre su brazo izquierdo.

No hay que olvidar que en oriente también destaca la representación de la Virgen orante o Virgen de la O: María, de pie, se presenta con sus manos extendidas en actitud de oración y en el centro de su pecho, dentro de un círculo, el Niño con sus brazos también extendidos. De esta manera se simboliza a la Virgen en su esperanza, que ha acogido al Verbo en su seno tras la Anunciación.

Otras formas de presentar a María y que han tenido mucha influencia en el arte occidental son la llamada Realeza de María en la que aparece la Virgen sobre un trono, o bien la Virgen de la leche, en la que María aparece amamantando al Niño.

Arte románico

Durante el románico es muy común que aparezca la Virgen en Majestad sobre un trono y entre sus rodillas nos presente a Cristo bendiciendo de pie o sentado. La Virgen en estos momentos es trono del Señor, incidiendo de esta manera en la maternidad divina de María que se nos presenta de manera estática como reina en todos sus atributos, muchos de los cuales aparecen también en las Vírgenes góticas.

María porta corona, que en muchas ocasiones también porta el Niño, se incide de esta manera en el carácter real de ambas figuras. También es común que además se siente en un rico trono.  En sus manos, Madre e Hijo portarán símbolos propios de los reyes, como el cetro y el globo universal que representa el poder y la eternidad.

Es muy común que aparezcan también otros símbolos como la Sagrada Escritura, que habitualmente porta el Niño Jesús en el románico, y a finales del gótico, la portará María a manera de libro abierto, educando al Niño en actitud maternal.

Otro símbolo muy habitual en la Virgen es la flor portada en su mano derecha, símbolo mariano de pureza o un fruto, que puede ser una manzana, una pera… Este es el símbolo de María como nueva Eva con el fruto de la vida. Si por Eva había entrado el pecado en el mundo, por María hemos sido redimidos y nos trae el fruto de la redención, el propio Cristo.

La Virgen Blanca, Catedral de Toledo

La Virgen Blanca, Catedral de Toledo

Arte gótico

Conforme avance el arte románico, la figura del Niño va pasando del centro de María a su rodilla izquierda  y así la figura de la Madre empieza a relacionarse en el gótico con el Niño. Madre e Hijo, que antes no se miraban, ahora empiezan a comunicarse con la mirada. El Niño y la Madre giran sus cabezas y adquieren un carácter más humano, con ternura maternal. María puede aparecer sentada o de pie.

En ocasiones el Niño porta en una de sus manos un pajarito, que simboliza el alma salvada de los fieles.

Muy habitual en el gótico es la figura de la Piedad, en la que María aparece con Cristo muerto entre sus brazos, tras la crucifixión. De gesto dolorido, esta imagen pretende conmover al espectador, como luego pretende conmover el barroco. En esta representación el artista gótico nos intenta mostrar la unión de María con su Hijo hasta la cruz, donde sufre intensamente y se une en sacrificio con corazón de Madre.

Madonna del Prado / RAFAEL

Madonna del Prado / RAFAEL

Arte del renacimiento

En el renacimiento se incide en la representación de María como Señora y Reina. De esta manera se la representa como a una dama del renacimiento, vestida con lujosas ropas y con los peinados que llevaba la alta burguesía y la nobleza. Es habitual que aparezca con complejos peinados de trenzas anudadas y ricos tocados y velos. La figura de María es elegante, y en su elegancia, muchas veces se hace bastante distante del espectador, además, la relación con el Niño se hace también bastante menos cercana que en el gótico.

En la manera de representar a Jesús Niño, es bastante habitual que aparezca desnudo y jugando con un animalito, con otra figura etc.

En este período vemos como la figura de la Virgen, así como el Niño, se presentan no ya con coronas como era muy habitual en el gótico. La corona desaparece y habitualmente portan, tanto la Madre como el Niño, el nimbo,que se hace muy sutil, casi transparente; en ocasiones, incluso desaparece.

Arte del barroco

En el arte barroco María vuelve a acercarse al fiel, se la representa en muchas ocasiones ayudando a las almas del purgatorio como Corredentora. Así se difunde mucho en su iconografía con el rosario, como instrumento de salvación, o también en la iconografía de la Divina Pastora, en la que se presenta a María vestida de pastora y al Niño de pastorcito en alusión al pastoreo de las almas.

Hay autores como el italiano Caravaggio, que nos presenta a María y al Niño con un realismo que hoy todavía nos sorprende y donde utiliza figuras populares para acercar estas figuras al fiel.

 Arte actual

Muy variado también es el tratamiento que se da a María en la actualidad, siendo numerosas las advocaciones marianas que se vienen representando en el arte del Siglo XX-XXI. Por lo que la iconografía es muy abundante. Sin embargo, destacan por encima de todas, dos formas de representar a María. Así aparece comúnmente como Virgen orante y la Madre entronizada.

En concreto, una de las de las advocaciones marianas que ha sido representada con mayor frecuencia es la de la Virgen del Carmen, imagen que ya aparecía en el barroco y en la que María aparece con el Niño en brazos ofreciendo el escapulario en su mano y vestida con el hábito del Carmelo. Otro tema mariano de profundo arraigo popular es el de la Piedad, en la que aparece María con bastante menor crudeza que en los modelos del gótico.

Piedad (Valle de los Caídos) / JUAN DE ÁVALOS

Piedad (Valle de los Caídos) / JUAN DE ÁVALOS

En definitiva, vemos como la imagen de María ha acompañado a los fieles cristianos a lo largo de la historia de la cristiandad. Porque Dios escogió para ser Madre de su Hijo a una joven judía de Nazareth. Mujer que «sobresale entre los humildes y los pobres del Señor, que esperan de él con confianza la salvación y la acogen» (Lumen Gentium, 55: AAS 57 (1965) 59-60).

Tras celebrarse hace unas semanas el Encuentro Diocesano de Niños, recordamos en esta ocasión el encuentro de 2009 con este artículo de Cristina Quintero López (actualmente en Iesu Communio) y Laura García Manzanares, de la parroquia de San Juan Bautista de Arganda del Rey.

Cartel del Encuentro Diocesano de Niños 2009

Cartel del Encuentro Diocesano de Niños 2009

Después de más de un mes de preparaciones entre nuestra Parroquia y la  Delegación, tuvo lugar el  Encuentro Diocesano de Niños  el pasado sábado 7 de marzo.

Las calles cortadas de Arganda daban paso a los autobuses para la acogida de las parroquias  de toda nuestra Diócesis: 1.500 niños, catequistas, padres, seminaristas y sacerdotes bajo el lema paulino Cristo vive en mí (cf. Gál 2, 20). Cuando todos estábamos preparados, nuestro  San Pablo  dio paso a una presentación sobre el  Año Paulino, del cual nuestra Parroquia es sede jubilar.

Después, tuvieron lugar las catequesis por grupos en torno al sacramento de la Reconciliación: una veintena de sacerdotes administraron el perdón a todo aquel que quiso confesarse. Todos ensayamos cantos de alabanza antes de bajar al templo  para celebrar la Eucaristía. Otro de los pasos a seguir para ganar el Jubileo Paulino: la Comunión. Una vez terminada la celebración eucarística, comimos, jugamos y realizamos, como taller, una carpeta para conocer más a San Pablo.

Con el corazón lleno de alegría por sentir que Cristo vive en cada uno de nosotros, finalizó el Encuentro Diocesano de Niños. Desde aquí queremos dar gracias, también, a todos los que hicieron posible que este Encuentro Diocesano fuera un éxito. Y el año que viene… ¡a por los 2.000!

Vídeo ADALtv (2:33)

Cristina Quintero López y
Laura García Manzanares

Revista ADAL – N.º 38 – Año V – Abril de 2009

A menos de una semana de que comience la Adoración Eucarística Permanente en nuestra diócesis, recuperamos un artículo sobre el origen y la tradición de la fiesta de las Santas Formas, las cuales se conservaban en una custodia similar a la que se va a emplear ahora para adorar al Santísimo.

Estampa de la Custodia de las Santas Formas, Félix Yuste

Desde que era muy pequeño, mi abuelo me contaba cómo, con gran devoción y alegría, se celebraba, antes de 1931, la fiesta de las Santas Formas. El quinto domingo después del de resurrección, los hijos de Alcalá (como los llamaba mi abuelo), por lejos que estuvieran, volvían a la casa familiar para asistir a la Eucaristía en la Magistral, comer en familia y asistir por la tarde a la solemne procesión.

Al paso de la custodia con las Santas Formas, los balcones de Alcalá se encontraban adornados con banderas y mantones, y las autoridades religiosas y el pleno del ayuntamiento al completo, en perpetuo voto(promesa hecha en público ante la Iglesia) , acompañaba el recorrido por las calles del centro histórico.

Historia de su aparición y devoción
Para conocer un poco más de estas Sagradas Formas, debemos remitirnos a finales del siglo XVI, cuando en el Colegio de Jesuitas de Alcalá de Henares, un morisco se postró en secreto de confesión ante el padre Juan Juárez. El penitente se acusó de haber profanado junto a otros compañeros varias iglesias y, fruto de ello, tenía en su posesión veintiséis formas consagradas, que éste había salvado de la destrucción. En aquellos momentos se solía acusar con frecuencia de la profanación de sagrarios a los moriscos, que eran españoles de religión musulmana.

Las Formas fueron entregadas al jesuita envueltas en un papel y comunicó  el hecho de inmediato a sus superiores. No sabían cómo proceder con dichas Formas. Consumirlas fue una solución que no se contempló, puesto que se estaban dando muchos casos de envenenamientos de sacerdotes por consumir formas que supuestamente habían sido profanadas y posteriormente devueltas. Así se pensó en destruirlas, pero la sospecha de que estuvieran consagradas hizo que optaran por guardarlas en una pequeña caja en el altar de la iglesia, de esta manera se corromperían y así, según las costumbres litúrgicas, se procedería a destruirlas definitivamente. La sorpresa de los Jesuitas sería muy grande cuando pasó el tiempo y las formas no se corrompieron. Once años después de que las formas se confiaran al padre Juárez, se decidió ponerlas en una habitación subterránea y húmeda para favorecer su corrupción. Meses después, se sacaron de este lugar y las Santas Formas seguían como el primer día.

Después de distintos exámenes médicos y notariales, en 1619, se proclama públicamente el milagro y se les empieza a dar culto en Alcalá, convirtiéndose su capilla, en la que ahora es la iglesia de Santa María, en un lugar de peregrinación de cientos de fieles e incluso de la Familia Real.

Cúpula de la capilla de las Santas Formas (Iglesia de Santa María, Alcalá de Henares) / FRANCISCO GARCÍA HERVÁS

A finales del siglo XVIII las Santas Formas se trasladan a la Magistral y se comienza a realizar una procesión todos los años en su festividad, algo que no había sido habitual hasta el momento; anteriormente, su salida de la Iglesia se reservaba a momentos especiales, como los años de fuertes sequías.

El pueblo de Alcalá de Henares veneró las afamadas Formas hasta principios de la Guerra Civil. En Julio de 1936, el templo principal de Alcalá fue bárbaramente saqueado e incendiado y en este desconcierto se perdió para siempre el rastro de las Santas Formas y la custodia donde se conservaban.

«Procesión de las Santas Formas», Félix Yuste

Una vez acabada la guerra corrió el rumor de que tres sacerdotes habían logrado esconder la custodia antes de que la Magistral fuera saqueada; pero estos tres sacerdotes murieron mártires de la persecución religiosa en Alcalá. En relación a su posible escondite, cabe mencionar el rumor de que pudieran estar enterradas en la misma Magistral,  que pareció desvanecerse, en la última restauración llevada a cabo en esta iglesia en los años noventa. En esta intervención arqueológica se levantó todo el pavimento de la Catedral y el claustro y no se encontró rastro de las Santas Formas o de su custodia.

A pesar de la perdida de las Incorruptas Formas, el pueblo de Alcalá sigue celebrando de manera sencilla esta festividad en su recuerdo y así el quinto domingo de pascua, tras la misa principal, de manera sencilla se realiza una procesión por el interior del templo catedralicio con El Santísimo Sacramento. De esta manera, los cristianos de Alcalá mantienen viva la memoria de una de nuestras más bellas y sentidas tradiciones locales.

José Manuel Lara
Revista ADAL – N.º 40 – Año V – Junio de 2009

Portada del primer número de «Revista ADAL»

Portada del primer número de «Revista ADAL»

Poco a poco, estamos subiendo todos los números de Revista ADAL para su descarga y lectura online y, entre las últimas actualizaciones, hemos publicado el primer número de la revista, que salió a la luz allá por marzo de 2005. Aquella edición se centraba en repasar los frutos que estaba dando el Camino de Santiago que los jóvenes de la diócesis habíamos recorrido en julio de 2004. La Liga Diocesana de Fútbol Sala, el grupo de montaña o el de teatro fueron algunas de las iniciativas que surgieron durante esa peregrinación a Compostela que supuso un antes y un después para muchos de nosotros y que sirvió para que la tarea de «hacer diócesis» cobrara un nuevo impulso.

En aquel primer número también se presentaba la propia ADAL (Asociación Juvenil del Secretariado de Infancia y Juventud del Obispado de Alcalá de Henares), la parroquia San Juan Bautista de Arganda del Rey nos abría sus puertas mientras los kikis de Mejorada del Campo y los jóvenes de Santa María de Alcalá de Henares nos contaban las experiencias de su convivencia conjunta. Por aquella época, además, los jóvenes nos preparábamos para la JMJ de Colonia que nos esperaba el verano de 2005 y La Voz del Desierto (que todavía se llamaba Nueva Alianza) seguía deleitándonos con su música.

Un número para recordar viejos tiempos y comprobar cómo hemos cambiado (por dentro y por fuera) a lo largo de estos años.

«Adoración de los Reyes Magos», Rubens

La Adoración de los Magos ha sido un tema muy difundido por el arte de Occidente a lo largo de todos los tiempos. Para la representación de este tema, debemos acudir al Evangelio de san Mateo, el único que recoge este pasaje. Más bien, el evangelista nos dice poco de quiénes eran estos misteriosos personajes. En primer lugar, no sabemos cuántos eran, ni sabemos sus nombres, ni de qué nación proceden. Lo único que sabemos es que: «Unos magos de oriente se presentaron en Jerusalén» (Mt 2,1). «Al ver la estrella experimentaron una grandísima alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre; se pusieron de rodillas y lo adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra» (Mt 2, 10-11).

Pocos datos más se nos ofrecen de estas misteriosas personas que adoran al Niño en su casa, pero la imaginación de teólogos y artistas pronto dará sus frutos y, así, dicho tema se convertirá en punto de referencia en la representación navideña del arte occidental.

En primer lugar, a través de los evangelios canónicos , no sabemos el número de los magos y así podrían ser dos, cuatro o hasta dieciocho. Finalmente, con el tiempo se termina fijando su número en tres, relacionado con el misterio de la Santísima Trinidad.

Ábside de Santa María de Tahull / MNAC (BARCELONA)

Ábside de Santa María de Tahull / MNAC (BARCELONA)

Siguiendo con la indefinición de los magos, que procederían de Oriente. Éstos terminaron representando en su persona, cada uno de los continentes descubiertos desde antiguo. De esta manera, el Misterio de la Epifanía es la manifestación de Cristo como Salvador, no sólo para los judíos sino para todos los pueblos y naciones. Así  Gaspar, representaría a Asia, África se encarnaría en Baltasar, y la vieja Europa en la figura de Melchor. No obstante, en alguna ocasión, después del descubrimiento de América, se representa un cuarto rey como rey de las Indias, o Baltasar no se representa con rasgos negros sino indígenas.

En cuanto a los tradicionales nombres de los magos, tampoco éstos aparecen en el evangelio de Mateo, pero aparecen en un evangelio apócrifo . Exactamente en el Evangelio Armenio de la Infancia, que ya en el siglo VI los menciona con estos nombres.

Pero, no hay que olvidar que la representación de los Magos también evoluciona  a lo largo de la historia del arte. Así las ingenuas imágenes paleocristianas nos presentan a veces a dos magos muy similares entre ellos. La Edad Media nos dejará, en el románico, unos magos con aspecto de reyes, muy rígidos y todos de piel blanca, y será a finales del siglo XV cuando en la pintura flamenca  aparezca la figura del rey negro.

El renacimiento nos trae complejos cortejos de magos vestidos a la manera de los príncipes renacentistas y posteriormente el barroco nos deja fastuosas caravanas de hombres que vienen de lejanos países con ricos y ampulosos ropajes y ricas coronas y turbantes.

«Viaje de los Magos», Benozzo Gozzoli

«Viaje de los Magos», Benozzo Gozzoli

Las imágenes de los Magos de Oriente también representarán a lo largo de la historia las tres edades del hombre, reflejadas en la imagen de cada uno.  Melchor, el más anciano, siempre abre la comitiva real y es el primero en postrarse al llegar ante la presencia de Jesús, y Baltasar, por el contrario, es el más joven.

Por último, debemos analizar los presentes llevados por los magos al Niño. Estos regalos fueron siempre tratados como elementos simbólicos. De este modo, pueden relacionarse con las virtudes teologales: el oro con la caridad, el incienso con la fe, y la mirra con la esperanza.  En el mundo místico de los conventos, algunos autores relacionan el oro con el amor, el incienso con la oración y la amarga mirra con el sacrificio. Mucho más funcionalista es la visión que quiere ver en el oro el presente que socorrería la pobreza de la Virgen, el incienso sería para suavizar el mal olor de la cuadra y la mirra como ungüento para asear al recién nacido. Aunque la simbología más aceptada es la presentación de oro en alusión a Cristo como rey, el incienso en alusión a su naturaleza de Dios y la mira de hombre.

En definitiva, lo que los Magos nos presentan es a tres personas que viven la locura evangélica, que confían y se ponen en camino detrás de una estrella porque no pierden la esperanza de que el Mundo cambie. Y finalmente, sin decir nada, se postran y adoran a un Dios que ha nacido niño y que acepta un pesebre por trono. Sin duda, un misterio todavía hoy escondido a muchos.

«Adoración de los Magos», Hans Memling

«Adoración de los Magos», Hans Memling

+info: MAYO SÁNCHEZ, María: Navidad en Caja Segovia 2002
CÁMARA, Alicia «Ya llegan los Magos» en Descubrir el arte, nº 34

José Manuel Lara

Revista ADAL – Nº 34 – Año 5 – Enero de 2009

Peregrinos en camino

Para ir abriendo boca de cara a nuestra peregrinación a Santiago de Compostela en el Año Santo Xacobeo y a nuestra participación en la Peregrinación Europea de Jóvenes, rescatamos un testimonio del Camino de entre los muchos que guardan nuestras páginas diocesanas. 

En la semana del 21 al 27 de julio de 2008 un grupo de diez personas de las parroquias de Nuestra Señora de la Asunción (Algete) y Santo Ángel (Alcalá) peregrinamos a Santiago para encontrarnos con Dios en la fe que el Apóstol nos dejó: la fe de la Iglesia, la fe en Cristo. Partimos desde Villalba (en la llamada ‘Ruta del Norte’) para poder ganar la Compostela. Durante nuestro peregrinar compartimos experiencias humanas: las vivencias juntos, disfrutar de los paisajes y la solidaridad a la hora de ayudar a los que estaban cansados y doloridos… y también experiencias en la fe con el encuentro diario con Cristo en la Eucaristía y en los demás peregrinos y en las catequesis que cada día recibíamos. Como peregrinos, fuimos capaces de comprobar y ver todo lo que Dios había hecho por nosotros y que, a pesar de todas las dificultades que podían surgir, siempre nos acompañaba y velaba por nosotros.

La meta del Camino

La llegada a la Catedral de Santiago fue uno de los momentos que mejor recuerdo: ya cansados de andar durante toda la semana entramos en la ciudad de Santiago de Compostela, pero aún nos faltaban dos kilómetros para llegar… ¡no sólo eso!, sino que dentro de la ciudad nos esperaban más subidas y bajadas hasta que por fin en una calle que bajaba divisamos una de las cúspides de la catedral.

¡Llegamos a Santiago!

¡Por fin estábamos allí! Cansados, doloridos, pero llegamos a nuestro destino: el encuentro con el Apóstol. Ya en la Catedral, como culmen de nuestra peregrinación tuvimos un nuevo encuentro con Dios: confesamos, rezamos por los peregrinos, por el Papa, y tuvimos la Misa del Peregrino.

El camino sigue

Llegó la hora de volver; la hora de seguir nuestro camino de la vida, puesto que el camino no ha acabado. Le doy gracias a Dios por esta peregrinación, que nos ha permitido realizar con éxito, porque en ella me he acercado un poco más a las personas, y un poco más a Él, y me ha dado fuerzas para continuar mi vida cristiana como mensajero de Cristo. Pido por todos los peregrinos que hacen el Camino, para que encuentren a Dios todos aquellos que lo hacen por motivos de ocio y culturales, y para que aquellos que lo hacen con sentido de fe encuentren en Santiago un pilar que refuerce su fe.

Daniel Núñez Navarrete, Santo Ángel, Alcalá

Revista ADAL – Nº 31 – Año 4 – Septiembre de 2008