DESDE EL BAÚL: Descubriendo las imágenes: La Virgen María con el Niño Jesús

Publicado: 20 mayo 2013 en Desde el baúl
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Con motivo de la celebración del mes de mayo, el mes de María, recuperamos este reportaje en el que se hace un repaso a la representación artística de la Virgen con el Niño a lo largo de la Historia.

Theotokos del Signo Orante

Theotokos del Signo Orante

«Todas la generaciones me llamarán bienaventurada»  (Lc 1, 48)

La imagen de María, a lo largo de los siglos, ha estado continuamente unida a la imagen de Cristo. «Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte» (Lumen gentium, 57). De esta manera lo ha representado el pueblo fiel, que venera a María como Madre de Dios en su representación junto a Jesucristo, desde la infancia hasta el descendimiento de la cruz. Al amparo de María Madre se han puesto generaciones y generaciones de cristianos a la búsqueda de protección. En este sentido, los artistas han tenido la necesidad de representar a María portando el Niño en sus brazos, en múltiples imágenes. Imágenes bajo las cuales todavía hoy se estimula la oración de muchos cristianos a lo largo del mundo.

Arte paleocristiano

La imagen de la Virgen más antigua que conservamos es del siglo II y apareció en las Catacumbas paleocristianas de Priscila. En esta pintura aparece María con el Niño junto al profeta Isaías que profetiza el nacimiento del Salvador, señalando una estrella.

En general, en el arte paleocristiano, las imágenes de la Virgen suelen representar a una figura femenina con las manos abiertas en oración o también es muy común que aparezca amamantando al Niño.

Icono de la Virgen como Guía en el camino (Hodighítria)

Icono de la Virgen como Guía en el camino (Hodighítria)

Arte bizantino

En el arte Bizantino destaca la representación de iconos de la Virgen con el Niño, en los que puede aplacer de múltiples formas. Muy común es la llamada Madre Dolorosa (Vladimirskaja), en que la mirada triste de María presiente la Pasión de Cristo. Esta imagen nos muestra, además, a la Madre siendo consolada por el Niño, que en un acto de ternura le hace una caricia con su mano.

Muy común es también la Virgen como Guía en el camino (Hodighítria), en que María señala con su mano derecha a su Hijo que lo soporta sobre su brazo izquierdo.

No hay que olvidar que en oriente también destaca la representación de la Virgen orante o Virgen de la O: María, de pie, se presenta con sus manos extendidas en actitud de oración y en el centro de su pecho, dentro de un círculo, el Niño con sus brazos también extendidos. De esta manera se simboliza a la Virgen en su esperanza, que ha acogido al Verbo en su seno tras la Anunciación.

Otras formas de presentar a María y que han tenido mucha influencia en el arte occidental son la llamada Realeza de María en la que aparece la Virgen sobre un trono, o bien la Virgen de la leche, en la que María aparece amamantando al Niño.

Arte románico

Durante el románico es muy común que aparezca la Virgen en Majestad sobre un trono y entre sus rodillas nos presente a Cristo bendiciendo de pie o sentado. La Virgen en estos momentos es trono del Señor, incidiendo de esta manera en la maternidad divina de María que se nos presenta de manera estática como reina en todos sus atributos, muchos de los cuales aparecen también en las Vírgenes góticas.

María porta corona, que en muchas ocasiones también porta el Niño, se incide de esta manera en el carácter real de ambas figuras. También es común que además se siente en un rico trono.  En sus manos, Madre e Hijo portarán símbolos propios de los reyes, como el cetro y el globo universal que representa el poder y la eternidad.

Es muy común que aparezcan también otros símbolos como la Sagrada Escritura, que habitualmente porta el Niño Jesús en el románico, y a finales del gótico, la portará María a manera de libro abierto, educando al Niño en actitud maternal.

Otro símbolo muy habitual en la Virgen es la flor portada en su mano derecha, símbolo mariano de pureza o un fruto, que puede ser una manzana, una pera… Este es el símbolo de María como nueva Eva con el fruto de la vida. Si por Eva había entrado el pecado en el mundo, por María hemos sido redimidos y nos trae el fruto de la redención, el propio Cristo.

La Virgen Blanca, Catedral de Toledo

La Virgen Blanca, Catedral de Toledo

Arte gótico

Conforme avance el arte románico, la figura del Niño va pasando del centro de María a su rodilla izquierda  y así la figura de la Madre empieza a relacionarse en el gótico con el Niño. Madre e Hijo, que antes no se miraban, ahora empiezan a comunicarse con la mirada. El Niño y la Madre giran sus cabezas y adquieren un carácter más humano, con ternura maternal. María puede aparecer sentada o de pie.

En ocasiones el Niño porta en una de sus manos un pajarito, que simboliza el alma salvada de los fieles.

Muy habitual en el gótico es la figura de la Piedad, en la que María aparece con Cristo muerto entre sus brazos, tras la crucifixión. De gesto dolorido, esta imagen pretende conmover al espectador, como luego pretende conmover el barroco. En esta representación el artista gótico nos intenta mostrar la unión de María con su Hijo hasta la cruz, donde sufre intensamente y se une en sacrificio con corazón de Madre.

Madonna del Prado / RAFAEL

Madonna del Prado / RAFAEL

Arte del renacimiento

En el renacimiento se incide en la representación de María como Señora y Reina. De esta manera se la representa como a una dama del renacimiento, vestida con lujosas ropas y con los peinados que llevaba la alta burguesía y la nobleza. Es habitual que aparezca con complejos peinados de trenzas anudadas y ricos tocados y velos. La figura de María es elegante, y en su elegancia, muchas veces se hace bastante distante del espectador, además, la relación con el Niño se hace también bastante menos cercana que en el gótico.

En la manera de representar a Jesús Niño, es bastante habitual que aparezca desnudo y jugando con un animalito, con otra figura etc.

En este período vemos como la figura de la Virgen, así como el Niño, se presentan no ya con coronas como era muy habitual en el gótico. La corona desaparece y habitualmente portan, tanto la Madre como el Niño, el nimbo,que se hace muy sutil, casi transparente; en ocasiones, incluso desaparece.

Arte del barroco

En el arte barroco María vuelve a acercarse al fiel, se la representa en muchas ocasiones ayudando a las almas del purgatorio como Corredentora. Así se difunde mucho en su iconografía con el rosario, como instrumento de salvación, o también en la iconografía de la Divina Pastora, en la que se presenta a María vestida de pastora y al Niño de pastorcito en alusión al pastoreo de las almas.

Hay autores como el italiano Caravaggio, que nos presenta a María y al Niño con un realismo que hoy todavía nos sorprende y donde utiliza figuras populares para acercar estas figuras al fiel.

 Arte actual

Muy variado también es el tratamiento que se da a María en la actualidad, siendo numerosas las advocaciones marianas que se vienen representando en el arte del Siglo XX-XXI. Por lo que la iconografía es muy abundante. Sin embargo, destacan por encima de todas, dos formas de representar a María. Así aparece comúnmente como Virgen orante y la Madre entronizada.

En concreto, una de las de las advocaciones marianas que ha sido representada con mayor frecuencia es la de la Virgen del Carmen, imagen que ya aparecía en el barroco y en la que María aparece con el Niño en brazos ofreciendo el escapulario en su mano y vestida con el hábito del Carmelo. Otro tema mariano de profundo arraigo popular es el de la Piedad, en la que aparece María con bastante menor crudeza que en los modelos del gótico.

Piedad (Valle de los Caídos) / JUAN DE ÁVALOS

Piedad (Valle de los Caídos) / JUAN DE ÁVALOS

En definitiva, vemos como la imagen de María ha acompañado a los fieles cristianos a lo largo de la historia de la cristiandad. Porque Dios escogió para ser Madre de su Hijo a una joven judía de Nazareth. Mujer que «sobresale entre los humildes y los pobres del Señor, que esperan de él con confianza la salvación y la acogen» (Lumen Gentium, 55: AAS 57 (1965) 59-60).

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