«Milagro de san Diego de Alcalá», Niccolò Betti

«Milagro de san Diego de Alcalá», Niccolò Betti

Con la llegada del mes de febrero la apertura de la Casa de Acogida de San Diego de Alcalá está un poco más cerca de ser realidad. Este hogar para los más desfavorecidos de nuestra sociedad será un testimonio más de la predilección de Dios por aquellos que sufren necesidad y, también muchas veces, incomprensión y rechazo.

Siguiendo el ejemplo de san Diego de Alcalá, que en sus días en la ciudad allá por el siglo XV amó y ayudó a los más desfavorecidos en todo lo que pudo, y movidos por el modelo de Jesús y la enseñanza de las bienaventuranzas (cf. Compendio del Catecismo, 520), pidamos por este hermoso proyecto y por todos sus colaboradores. Leer el resto de esta entrada »

Cartel de la Jornada Mundial del Enfermo 2012

Como viene siendo habitual, el 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, la Iglesia celebra a escala mundial la Jornada del Enfermo.

La Jornada Mundial del Enfermo fue instituida el 13 de mayo de 1992 por el Beato Juan Pablo II. Este año, con ocasión de su vigésimo aniversario, su celebración a nivel local sirve de preparación para el gran encuentro de la Jornada Mundial del Enfermo que tendrá lugar en Alemania el 11 de febrero del año que viene y que se centrará en la emblemática figura evangélica del samaritano.

En la Jornada de este año, bajo el lema «Levántate y vete; tu fe te ha salvado» (Lc 17, 19), el Papa Benedicto XVI subraya de forma especial los «Sacramentos de curación», es decir, los sacramentos de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos, que culminan de manera natural en la Comunión Eucarística.

Precisamente el Santo Padre recuerda el encuentro de Jesús con los diez leprosos del Evangelio según san Lucas (Lc 17, 11-19), con la intención de ayudarnos a «tomar conciencia de la importancia de la fe para quienes, agobiados por el sufrimiento y la enfermedad, se acercan al Señor. En el encuentro con Él, pueden experimentar realmente que ¡quien cree no está nunca solo! En efecto, Dios por medio de su Hijo, no nos abandona en nuestras angustias y sufrimientos, está junto a nosotros, nos ayuda a llevarlas y desea curar nuestro corazón en lo más profundo».

Benedicto XVI, en su mensaje, también cita a San Agustín: «Dios cura todas tus enfermedades». De esta manera hace hincapié en que nos dejemos curar y no rechacemos las manos de Dios. En torno a esta idea aparecen de nuevo los sacramentos de la curación como «medios preciosos de la gracia de Dios, que ayudan al enfermo a conformarse, cada vez con más plenitud, con el misterio de la muerte y resurrección de Cristo». Así como la importancia de la Eucaristía, «cuando se recibe en el momento de la enfermedad contribuye de manera singular a realizar esta transformación, asociando a quien se nutre con el Cuerpo y la Sangre de Jesús al ofrecimiento que Él ha hecho de sí mismo al Padre para la salvación de todos».

«Dios cura todas tus enfermedades»

Ya en nuestra Diócesis, y con motivo de esta Jornada, el sábado día 11 de febrero se administró la Unción de Enfermos a aquéllos que así lo desearon druante la Misa de 19:30h en la Catedral Magistral.

ORACIÓN DEL QUE CUIDA AL ENFERMO
Padre nuestro,
amigo de la vida.
Tú amas a los enfermos
y quieres mostrarles
tu ternura y misericordia
por medio de nosotros.
Que, como Jesús y María
y con la fuerza del Espíritu,
acompañemos en su camino
a cada enfermo,
tratemos de aliviar su dolor
y le ayudemos a reconciliarse
consigo mismo y con los demás.
Que juntos celebremos
el regalo de la Vida.
Amén.

M.ª del Pilar García Sánchez

Logo oficial de la JMJ de Río 2013

Ayer se publicó el logotipo de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Río de Janeiro (Brasil) en 2013. La imagen, obra del joven Gustavo Huguenin, está inspirada en el lema de la Jornada: «Id y haced discípulos de entre todas las naciones» (Mt 28, 19). En ese pasaje, Cristo resucitado se aparece a los discípulos en una montaña de Galilea y les encomienda llevar la palabra de Dios a todos los pueblos. Por ello, el logo está centrado en la figura del célebre Cristo Redentor que, desde la cima de la montaña del Corcovado, domina la ciudad de Río y es una imagen reconocida por «todas las naciones».

El conjunto del logotipo tiene forma de corazón y representa a los discípulos que acogen a Cristo en su interior. Los brazos del Redentor sobresalen del corazón como «el cálido abrazo de Dios a las personas y los jóvenes que estarán en Brasil». La parte superior se inspira en el Pan de Azúcar, símbolo universal de la ciudad de Río de Janeiro, y la Cruz Peregrina recuerda el sentido originario del territorio brasileño, también conocido como Tierra de Santa Cruz. El amarillo, verde y azul de la imagen representan los colores de la bandera brasileña.

El logotipo fue elegido por el Pontificio Consejo para los Laicos (dicasterio del Vaticano encargado de coordinar las JMJ) de entre los casi 200 que se presentaron al concurso convocado ex profeso. Para el creador de la imagen, un diseñador gráfico de 25 años, supone una gran satisfacción: «Para mí es una alegría inmensa saber que mi trabajo será usado en el mayor evento católico del mundo».

«La conversión de san Pablo camino de Damasco», Caravaggio

«La conversión de San Pablo camino de Damasco», Caravaggio

La semana pasada se celebró la Semana por la Unidad de los Cristianos, una iniciativa en la que congregaciones y parroquias de todo el mundo se unen en oración para pedir por la unidad de los cristianos de todas las iglesias y promover el ecumenismo. La semana culmina el 25 de enero, día en que conmemoramos la Conversión de San Pablo. Esta fiesta destaca dentro del martirologio romano como la del único santo del que celebramos su conversión. Las Escrituras nos narran cómo al joven Saulo, camino de Damasco, cuando aún se dedicaba a perseguir a los seguidores de Jesús, se le presenta el mismo Jesucristo resucitado para que transforme su ímpetu perseguidor y dedique sus talentos al servicio de la Iglesia de Jesucristo y, en concreto, se dedique a evangelizar a los gentiles.

La Iglesia Católica de hoy, que no es ajena a los males del hombre moderno, está llamada a revitalizar el impulso misionero en todos los países y en particular en los de tradicional cultura cristiana. Para ello, el Papa Benedicto XVI ha anunciado un Año de la Fe que comenzará el 11 de octubre de 2012, en el 50º aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II y concluirá el 24 de noviembre de 2013, en la Solemnidad de Cristo Rey del Universo.

Ecumenismo
San Pablo es también referente para el movimiento ecuménico por el que las diferentes iglesias cristianas de todo el mundo trabajan para restablecer la unidad originaria de la Iglesia. Según el YouCat, la palabra ecumenismo procede del griego oikumene (‘la tierra habitada’, ‘el orbe’), y en el Imperio Romano se empleaba para expresar al mundo como unidad; de ahí procede su significado actual entendido como «los esfuerzos por la unidad de los cristianos separados». En este sentido, la figura de San Pablo juega un papel relevante, pues, ya en su época, tuvo que encargarse de corregir a aquellos grupos disidentes que surgían en el seno de las primeras comunidades cristianas. Los judaizantes de Galacia, el culto supersticioso a los ángeles que se extendía entre los colosenses o el incipiente gnosticismo de la comunidad de Éfeso son algunos ejemplos de cómo Pablo trabajó por una Iglesia que, para él y nosotros, es «un solo Cuerpo, un solo Espíritu, una esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos» (Ef 4, 5-6).

Símbolo del ecumenismo

Símbolo del ecumenismo

Siguiendo el ejemplo del apóstol, en la actualidad han surgido comunidades religiosas que trabajan por el ecumenismo, como la Comunidad de Taizé, fundada por el teólogo suizo Roger Schutz en los años 40 del siglo XX, y el Consejo Mundial de Iglesias, que agrupa a 349 iglesias y comunidades. Asimismo, periódicamente se celebran congresos y encuentros entre diferentes iglesias para acercar posturas, como el que protagonizó el beato Juan Pablo II a principios del Año Santo 2000, cuando abrió la Puerta Santa de la Basílica romana de San Pablo Extramuro (pdf)  acompañado por el patriarca ortodoxo Athanasios de Constantinopla y el arzobispo de Canterbury George Carey, presidente de la Comunión Anglicana. Pero, más allá de estos gestos, Juan Pablo II nos recordaba que la oración es fundamental: «En el camino ecuménico hacia la unidad, la primacía corresponde sin duda a la oración común, a la unión orante de quienes se congregan en torno a Cristo mismo» (Ut unum sint, 22).

Sigamos el ejemplo de San Pablo y oremos para cumplir las palabras de Cristo: «Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21).

José Manuel Lara y Javier Pérez